Por aquella época el pueblo contaba con aparcamiento cubierto. Eran siete u ocho plazas que alquilaba el ayuntamiento a los pocos vecinos que tenían coches. El estacionamiento se encontraba bajo la tejavana de la plaza y los vehículos tenían que ser retirados los viernes para la celebración del mercado semanal.
En el centro de la plaza había un kiosko octogonal que cuesta distinguir, pero fijándose bien puede verse que está medio tapando a un coche que parece un seiscientos. Habría como una docena de plátanos que daban buena sombra en verano. Estaba rodeada por una paredilla de unos cincuenta centímetros de altura en la que se disponían unos bancos de obra de doble asiento, uno hacia dentro y otro hacia el exterior aprovechando el mismo respaldo.
En la derecha de la foto se ve la casa de José María Montaña, el padre de Purina, cuya familia montó allí el bar Romy.