Cuatrocientos años de historia.
La iglesia de Llanez se mantuvo en pie durante cuatrocientos años, consiguió llegar a nuestros días para venirse abajo ante nuestros ojos. A través de las imágenes puede verse con toda nitidez el trato que le dio nuestra generación.
La primera foto es de 1980, aunque muestra deterioro, aún permanecen las campanas en la torre y el tejado cubre el pórtico que acoge a los fieles el domingo, a los vecinos en asamblea de concejo y a los niños todos los dias; todos los días que llueve o que hace sol ¡qué más da! ¿hay algún lugar mejor para encontrarse? aquí se inicia el compartir, el abandono de la soledad rural para jugar a tres en raya, a las canicas, a las chapas, a rifar un escondite, a salir corriendo hacia los campos o el monte en busca de cualquier aventura.
La segunda imagen fue tomada por Celestina Losada Varea cuando catalogaba los monumentos de nuestro ayuntamiento. Puede ser de 1995 y muestra la cubierta del pórtico semihundida. A pesar de ello, nos da la imagen de una iglesia pequeña, acogedora y agreste; tan entrañable, tan sencilla como ninguna, tan merecedora de aparecer en los catálogos como una de las iglesias más singulares de Cantabria.
La tercera foto fue obtenida en mayo de 1999. El aspecto ya es desolador. A través de los vanos del campanario se observa el derrumbe de la techumbre de la torre. Ya no se ven las escaleras de acceso al pórtico y la maleza se apodera de los muros ocultando y reduciendo a la nada lo que fue el centro de la vida de un pueblo, el único edificio que nadie moraba pero era morada de todos .
Doce pueblos, doce parroquias.
Así era y ya no es, porque la iglesia parroquial de Llanez ya no acoge a sus feligreses e ignoramos cuándo los volverá a acoger; a ellos, a sus familiares, a los visitantes...
Padres, abuelos, bisabuelos; generaciones y generaciones anteriores tomaron bautismo, celebraron bodas y dieron el últimos adiós a los seres queridos. A finales de junio San Pedro Apóstol era sacado en procesión y venerado como Santo Patrón de la localidad, celebrando a la tarde una romería a la que acudían vecinos de todo el Valle de Aras. Tampoco pudieron faltar antaño las rogativas en las que se pedía al Santo la fertilidad de los campos o el agua que acabase con la sequía.
No perdamos la esperanza de que quizá algún día se recupere este patrimonio de la Junta de Voto, los vecinos puedan volver a su iglesia y los niños jueguen de nuevo en el pórtico.